CASAS, Olga
Azucena (45 años)
Recuerdo que cuando yo iba a la escuela, todo esto de los
derechos del niño no importaba demasiado. Mi maestra nos trataba como si
tuviéramos veinte años cuando apenas teníamos
8 o 9, nos teníamos que aprender las tablas de multiplicar y si no
agarraban de las trenzas y nos tiraban el pelo. Y no tenías a quien reclamarle,
porque encima si le decías a tu mama que la maestra te había tirado el pelo
ella te pegaba por portarte mal en la escuela.
Ahora los tiempos han cambiado, yo trabajo limpiando casas
desde los nueve años, a mi me pagaban con un plato de comida y un vestido
usado, mi hermano trabajaba en una carnicería cargando cajones y le pagaban con
un litro de leche y un kilo de harina.
Me costó muchísimo estudiar, salía corriendo del trabajo a
la escuela y de la escuela al trabajo, yo no me podía quedar a charlar con mis
amigas.
Me da mucha paz que ahora los niños estén protegidos por la
Ley, no quisiera que ninguno tuviera que trabajar y pasar necesidades. Aunque
no todos están protegidos, hay muchísimos niños en las calles o sufriendo
maltrato familiar, todavía queda mucho trabajo por hacer. Pero la escuela es
una gran colaboradora de la ley, ahí están formando a esos niños que tienen
derecho de ser libres y poder expresarse, se los acompaña bastante, con los
equipos pedagógicos y todo eso. Espero que sigan avanzando y que se cumpla la
ley de Protección a los niños.
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